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Aprendiendo a sentir

por Javi
domingo, 16 de julio del 2006 a las 14:25

Niño riendoHace unos días recordaba, en una de tantas conversaciones, la importancia de la infancia en el devenir del desarrollo individual, fundamentalmente a nivel psicológico. Y recordando aquello, me vino a la cabeza cuándo aprendemos a sentir. Porque nacemos con emociones instauradas, es verdad, pero se pulen con el tiempo, y es en este gesto de alfarería emocional donde realmente empezamos a vivir.

Me preguntaba si sé sentir, si ese aprendizaje tuvo lugar a lo largo de mi infancia, o fue un proceso truncado por tropezones imprevistos e inadecuados. Y si no fuera así, si no pude aprender a sentir, o quizás sí aprendí, pero un día, en mitad del camino, decidí arrojar al suelo todo el peso emocional y vanagloriar el poder racional de mi mente, entonces...¿puedo retroceder? ¿Puedo recuperar ese pasado curtido de las emociones de mi vida? Si retroceder es entendido como un paso atrás, entonces no debo, pero si sólo sucede que en el laberinto en el que me encuentro, frente a mí, diviso un callejón sin salida, es posible que deba retroceder, porque más tarde encontraré la auténtica salida...¿Es esto racionalizar, o forma parte del camino para llegar a mi realidad emocional?

Puede que todo lo anterior sea en sí pura actitud autodialéctica, y no me lleve más que al inicio del laberinto, el único punto donde la tranquilidad me invade, porque tengo el control...ese control que sólo la razón desea, y que me resigno a buscar mirando de reojo todo lo que queda más allá del control...el caos, el riesgo, la incertidumbre, el miedo...SENTIR...Hace tiempo que dejé de sentir, y sólo me dedico a controlar, a racionalizar, a huir.

Deseo con todas mis fuerzas dejar de pensar por un solo instante, encontrar el momento de mi infancia en el que empecé a sentir, me gustaría retrotraerme con mi máquina del tiempo, y sentirme plenamente identificado con aquel niño que sólo vivía por y para el sentimiento. Posiblemente no era consciente de qué era la razón, a lo mejor ni siquiera había tocado a su puerta. Si pudiera viajar hasta allí, le abriría el paso a un ritmo muy diferente, asegurándome que siempre sentiría primero, y después pensaría, o incluso no pensaría en algunos casos, sólo sentiría...

Gracias a aquellas personas que en algún momento de mi vida me recordaron lo importante que es sentir, porque es la esencia en sí mismo, es la pureza de todo lo que nos rodea.

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Comentarios sobre Aprendiendo a sentir

Nachete Nachete

Porque te conozco, entiendo perfectamente lo que dices... aunque no estoy de acuerdo en parte de tu análisis: en una situación así, no dejamos de sentir, en absoluto. Lo que ocurre es que lo que sentimos es MIEDO. Y, a veces, más que miedo, PÁNICO. Pánico al dolor, a enfrentarnos cara a cara con la realidad, con nuestras propias miserias... y miramos para otro lado. Y cuando el miedo no es pasajero sino que se instala a vivir con nosotros, de tanto mirar para otro lado empezamos a crear un mundo paralelo en el que no existen los riesgos, en el que no existe el dolor, porque todo está bien controlado. Sólo de vez en cuando la vida nos da un revés y nos vuelve a poner cara a cara con nuestra realidad, pero eso suele durar lo que tardamos en recuperar fuerzas para volver a girar el cuello.

Como el ser humano es un animal de costumbres puede llegar al punto de acostumbrarse a ese doble juego e incluso puede llegar a dominarlo y sentirse agusto dentro de él. Pero, ocasionalmente, uno se da cuenta de lo breve que es la vida y lo infinitamente injusto que es para nosotros y para los demás que no la vivamos mirándola de frente... y entonces te preguntas: ¿hasta cuándo aguantaré así, hasta cuándo quiero estar así? ¿he perdido el valor? ¿me ha vencido la realidad? ¿me he rendido?

Si en ese momento encuentras una buena razón, te levantas, te giras, te miras y decides asumir TUS responsabilidades con sus consecuencias, porque son tuyas y de nadie más. Duele, pero te abre de nuevo la posibilidad de vivir de frente. Si no tienes la suerte de encontrar una buena razón/motivación... vuelves a tu cascarón, y otra vez a esperar. Pero el reloj sigue corriendo y la esperanza de que las cosas se solucionen por sí solas o te las arreglen las demás... se desvanece.

Mucho ánimo. Un YO mejor siempre es posible.

Sabes, Javi, el problema es que el Ser Humano ha querido romper con las reglas de la Naturaleza y controlar todo cuanto ha tenido a su alcance. Si nos fijamos bien, en realidad en esta vida nada es para siempre, la seguridad no existe, hoy estamos aquí y mañana nadie lo sabe. Creemos poder tener atados casi todos los cabos y eso sólo es un espejismo en el inmenso mar de arena que es la vida... Aprender a vivir confiando en lo que vendrá, asumiendo los cambios como circunstancias siempre positivas, es una manera de afrontar la existencia que a veces puede crear desasosiego pero que suele, o por lo menos a mi me lo parece, brindarte tantas satisfacciones que bien merece la pena la incertidumbre que provoca. Está bien planificar pero dejando siempre un margen de confianza al devenir de las cosas. Con los sentimientos pasa lo mismo. Hay dejar que las emociones sucedan, huir del miedo a lo que pasará, dejarse llevar. Cuando actuando así las situaciones te sorprenden, la intensidad de las vivencias es tan enorme, que de repente, toda tu vida cobra sentido.

Un abrazo niño!! 

Isabo Isabo

No sé por qué extraña razón, algunos de nosotros nos empecinamos en pensar (y además, llevarlo a la acción, con el peligro que ello conlleva) que la razón y SENTIR son incompatibles. Uno, que seguramente se para en seco y ve lo gris en que se está convirtiendo su vida, aprende a darse cuenta (con momentos de retroceso…, ¿quién dijo que esto era fácil?) que sólo se trata de entender que hay parcelas de la vida en las que la razón es la protagonista principal y otras es la capacidad de SENTIR la que juega el papel estelar. No son incompatibles, y nosotros pensamos que sí. Entonces empezamos una carrera en la que ejercemos un autocontrol atroz, que nos va dejando esta vida en blanco y negro, sin darnos cuenta de esa variada paleta de colores y matices que tiene... . Nos autolimitamos y dejamos que aparezca delante nuestra una red intrincada que llamamos vida, cuando no se soporta para nada en una de las capacidades más alucinantes del ser humano: SENTIR… . La que paradójicamente nos hace pisar suelo firme. Sentir con mayúsculas, sentir tanto que de tanto hacerlo alcances un estado de equilibrio y serenidad. Casi a cada paso, en las pequeñas cosas cotidianas, porque no se trata de llegar a una meta, se trata de caminar continuamente, a diario. La meta es conseguir ese estatus vital. Entonces pasamos de transitar (simplemente ir de un punto a otro) por la vida a VIVIR la vida (y no desde el punto de vista hedonista negativo). Llega entonces el momento en el que nos damos cuenta de que SENTIR es duro también, sentir no sólo es sentir alegría o placer. Para estar pleno, consciente y aprendiendo a cada paso también se siente dolor, tristeza, decepción, rabia, miedo, pánico, resignación… . Pero todo lo que se siente nos ayuda a conocernos a nosotros mismos, con toda nuestra carga personal: defectos y virtudes, que conforman eso tan maravilloso que supone la personalidad, que nos hace tan distintos y que nos hace disfrutar los unos de los otros. Cuando nos aceptamos y dejamos que nuestro verdadero yo aflore, entonces ya no hay autocontrol, no es necesario. Aparece un ser humano pleno, que precisa de la razón cuando es necesaria, en facetas vitales que así lo exigen y que precisa SENTIR para que cada día que elija hacer balance vital se dé cuenta de que sintió y asumió, y que no tenga que andar autoconvenciéndose y creando un universo paralelo ficticio y dañino, en el que al final se sentirá  perdido y del que ya le resultará muy difícil salir… .  Sería algo así como la casa de los mil espejos, en la que el que entra ya no sabe qué imagen de todas las que le ofrecen los espejos, es la real. Es triste, pero así eligen muchos adultos “vivir”. Yo a eso lo llamo transitar.

Desde la libertad más absoluta que otorga el hecho de ser adultos, dueños de nosotros mismos, la ELECCIÓN  de VIVIR o transitar es tuya. Asumiendo, disfrutando, caminando, arriesgando, sintiendo dolor, tristeza, … . En resumen: VIVIENDO.

Jorge Bucay, en el pensamiento del día de hoy en su página web, me sorprende con esto:

 "Llega un momento en que sabes que es necesario soltar el pasado porque la vida te espera." 

La vida nos espera a tod@s. Transitarla o vivirla… . En esa decisión, la razón en su papel más razonable de todos (valga la redundancia) elegiría VIVIRLA. El beneficio es infinito… .

                                                Siente… . Un besazo                                                                                                           Isabo P.D.: Para esto de sentir, la "teoría" (si es que existe...) es sólo entender y asumir si uno desea SENTIR. Lo demás es puro empirismo… .P.D.II: Los tropezones imprevistos e inadecuados, además de sentirlos PLENAMENTE, también nos hacen aprender. Nos hacen más sabios, más plenos y experimentados. Nos hacen VIVIR… .
Manolo Manolo

Como se ha dicho anteriormente, estoy de acuerdo en que Sentimiento y Razón no son cosas incompatibles ni excluyentes. Igual que no podemos evitar experimentar sentimientos ante las cosas que observamos, tampoco podemos evitar el emitir juicios de valor u opiniones sobre ellas.

Es cierto que los sentimientos son algo involuntario, intuitivo, incosnciente; surgen en nosotros por sí solos y sin dar explicaciones, sin dar ningún "por qué". La razón, por otro lado, responde a conocimientos adquiridos, deducciones personales, valoraciones aprendidas y cadenas de razonamientos. Sin embargo, y a pesar de estas diferencias, no creo que sea la Razón la que se opone a los Sentimientos, sino más bien lo "razonable": aquello que pensamos que es lo "mejor" abstrayendo nuestras circunstancias personales, lo que harían los demás en nuestra situación, lo que "está bien" o lo que se espera de nosotros, o simplemente lo que nos hace sentir más seguros. Y para que estos juicios externos o estándares nos dominen, no creo que sea la Razón la culpable, sino más bien una serie de sentimientos subyacentes de los que es difícil desembarazarse o sobreponerse: el deber, la responsabilidad, la culpabilidad, el miedo, la inseguridad... Son estos sentimientos los que muchas veces se hacen más fuertes que lo que sentimos sobre determinadas cosas, personas o situaciones, obligándonos a abandonar lo que "deseamos" a cambio de acallarlos y reducir su intensidad, a cambio de sentir menos miedo, inseguridad, remordimienots, vergüenza... Incluso la infelicidad o "ausencia de felicidad" que puede producirnos este "chantaje interior" puede ser a veces más débil que los sentimientos "chantajistas", impidiéndonos desahcer estas decisiones contradictorias.

No creo que lo que hace que los niños dejen de ser niños y de obedecer a sus emociones, sea la Razón, sino más bien el Deber. Un niño pequeño hace lo que quiere, lo que siente, sin más consideraciones. Cuando tiene cierta edad, en sus deseos empiezan a influir las reacciones de los demás: puede que haya cosas que le gustaría hacer, pero los sentimientos negativos que le causan las regañinas o los castigos de sus educadores le hacen deshechar estos deseos iniciales. Cuando este equilibrio entre lo que deseamos y lo que nos hace sentir bien se interioriza, se aprende, es cuando creo que ese niño "libre" o "emocional" empieza a dejar de serlo y comienza a aprender lo que es el deber y cómo funciona parte del mundo de los adultos.

Los sentimientos son al fin y al cabo lo que nos impulsa a vivir, a emprender cada uno de los pasos que damos, ya sean sentimientos positivos o negativos. La razón, si está libre de sentimientos "externos" o "negativos", seguramente nos llevará a seguir nuestros deseos, pues será aquello que, tras las deliberaciones y reflexiones pertinentes, descubramos como lo que nos hará sentir mejor. Por otro lado, la razón, a veces, nos ayuda a no escuchar o seguir ciertos sentimientos negativos, irracionales, que surgen a menudo en nosotros, como la ira, el miedo, la xenofobia, la envidia, el rencor... Notamos estos sentimientos, pero gracias a la  razón sabemos que darles rienda suelta no nos causará nigún bien a nosotros ni a los demás... aunque por desgracia y muy a menudo, estos sentimientos demuestran ser mucho más fuertes que nuestra razón.

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Sobre esta anotación

Javi

Javi escribió esta anotación hace 3 años. En ella habla sobre Control, Emociones, Infancia, Laberinto, Razon, Sentir, Verblogcompleto y Vida.

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