Últimos viajes solitarios
Después de una larga travesía, no tanto por el desierto, aunque en algunos momentos se le parecía, he vuelto para contaros lo que supone viajar para mí. Porque precisamente, si algo puedo destacar por encima de las restantes situaciones vividas en los últimos meses, son mis viajes. Mis viajes sin rumbo aparente, sin organización que se precie, a veces sin compañía con la que disfrutar y compartir...y es que me gusta viajar. También conducir, para que negarlo, pero eso ya se puede intuir con la foto, y es que una imagen vale más que mil palabras.
Soy de esos a los que gusta repetir por activa y por pasiva que antes de conocer otros países debes valorar y apreciar lo más cercano que te rodea. Y como no me gusta predicar sin el ejemplo, hace poco decidí emprender rumbo a dos destinos nacionales con diferentes pretensiones. En el caso de Zaragoza, descubrirla por completo, profundizar en sus callejuelas y monumentos, y pasear a través de las sombras de sus gentes, para así poder interiorizarla en el mapa de mi mente. En el caso de Madrid, caminar un poco más en su conocimiento, en el disfrute que te supone vivir su cultura y respirar arte, diversión y cercanía por los cuatro costados.
De Zaragoza me quedo precisamente con un monumento que no está en la ciudad, sino a las afueras, más bien cerca de Calatayud, el Monasterio de Piedra. En realidad, no es el monumento lo que me fascinó, sino sus alrededores, uno de esos paisajes con los que cualquier español de tierras sureñas tiende a decir rápidamente: "¿pero estoy en España?". Y es que no estamos acostumbrados al color verde entremezclado con la sensación incolora del agua y la oscuridad de los árboles. Lo recomiendo encarecidamente, aunque seguro que muchos de vosotros, aunque de pequeños con vuestros padres, ya conoceréis este lugar.
Es difícil elegir un recuerdo de Madrid. Siempre que la piso tengo la sensación de no haber estado allí antes, si no es por un monumento concreto o un lugar en sí, que me hacen recordar que ya estuve aquí, de una u otra manera. De este último viaje me quedo con El Escorial, un auténtico monstruo logístico de historia, inmerso en un paisaje de esos que no te marcan ningún límite en ninguna dirección que mires, sólo encuentras el horizonte y poco más. Y también tengo que dejar constancia de mi Santiago Bernabeu (todos tenemos una debilidad), no entraba en mis planes, pero el Paseo de la Castellana no es tan grande como algunos piensan, y era inevitable pasar por allí y no echarle un vistazo más de cerca...
En fin, espero que disfrutéis de las fotos, un resumen más bien corto de las sensaciones que me ofrecieron sendos viajes, aunque nunca se puede escenificar en una fotografía la confortabilidad que te ofrece el viaje de vuelta, cuando sabes que has incorporado en tu interior un lugar más, una instantánea más, que siempre quedará grabada para esos momentos que necesites viajar, pero en tu mente.
¡Un abrazo a todos!
P.D.: Antes de entrar en las fotos, os recomiendo este video que viene a continuación, de corta duración, y filmado en el Monasterio de Piedra, en ocasiones creo que oposito para El Club De La Comedia...





